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domingo, 1 de diciembre de 2019

* Alegoría Sufí *

***Feliz inicio del último mes...del año.

Diciembre, un mes bastante especial, sea por lo caótico, lo estresante, lo forzadamente convivencial, y también lo místico.
Cuanto más complicadas se pongan las cosas que nos rodean, más hay que introspectar.

*Volver a Casa*, a ese verdadero *Hogar* que en la vieja Gnosis se vislumbraba como el *Pleroma* fué también motivo de profundas reflexiones en diversas culturas antes de que las actuales *religiones* se institucionalizaran y taparan con las capas del tiempo lo que se quedó en el olvido.
El Sufismo, rama Gnóstica de las culturas primitivas árabes tiene tesoros de escritos que yacen en el olvido o en nuestra ignorancia occidental.
Uno de esos tesoros es digno de compartir aquí y como toda experiencia mística difícil de explicar o entender, los sabios Sufíes tenían el arte de la alegoría y la expresaban a manera de *manual*.

*El lenguaje de los pájaros*, esperando que como siempre, les sea útil y positivo.



El Mantic Uttaír o El lenguaje de los pájaros es la célebre producción de uno de los poetas espiritualistas más conocidos de Persia, Farid Uddin Attar.
Aunque no se sabe exactamente la fecha de su nacimiento, los eruditos lo dan por nacido en 1119 en Nischapur, donde murió más que centenario Hacia 1229.

En su ciudad natal fue encontrado un monumento funerario en su Honor por el señor de Khanikoff, antiguo cónsul general de Rusia en Persia y que la comunicó al traductor del Mantic Uttair al francés, señor Garcin ele Tassy, erudito orientalista a partir de cuyo trabajo hemos podido realizar ahora la versión española.
En este monumento funerario se encuentra un poema en Honor de Amar en el que además de las rituales alabanzas a Mahoma y del recuerdo al poeta, se dice que éste murió en la gran masacre que tuvo lugar en tiempos de Hulaku Khan, y que vivió más de ochenta años en Nischapur.

Attar vivió, por tanto, durante el califato Abásida, período en el que el árabe se convirtió en el idioma oficial y la lengua persa quedó reservada a la poesía.
El Mantic uttair está escrito en persa y es un poema filosófico religioso algo oscuro a veces y lleno de simbolismos.
Attar quiere decir *perfumista*; 
abandonó su profesión e ingresó en una orden de derviches vagabundos;
viajó mucho y conoció a los sufíes más eminentes.

Casi todos los grandes poetas persas expresaron en sus obras el sufismo, que en Persia tuvo que conciliarse con el Islam consiguiéndolo sin mucho esfuerzo, poniendo en la base de su edificio el concepto de que Dios es la única realidad y, por lo tanto, la verdad por sí misma.
Resaltó, además, el amor místico entre Dios y la criatura, el éxtasis y el aniquilamiento de los deseos como lo único que permite la unión permanente;
naturalmente, a semejante perfección sólo se llega a través de diversos estadios.
Attar introduce la división del camino espiritual en siete etapas y utiliza para ello una alegoría.

Sin embargo, el Mantic uttair o El lenguaje de los pájaros no es un libro difícil, sino que podemos disfrutar en él del lenguaje desenfadado y sabio de personajes que han renunciado al mundo, los schaikhs o derviches, y las miles de aventuras que les pueden ocurrir en su camino de austeridades y vida contemplativa, del lenguaje amoroso en las condiciones distintas y, en fin, de la descripción de la búsqueda de la perfección de la que se ha hablado en todas las épocas de las más diferentes formas.
Attar pone en boca de los pájaros reunidos la estructura de su poema.

Y es la abubilla la que, por haber servido de guía a Salomón, se erige en jefe de los pájaros y en su guía para conducirlos hasta su supremo rey, hermoso y perfecto, pero hasta el que es sumamente difícil llegar, pues han de atravesar siete valles repletos de dificultades para acceder a él.
Al ver los pájaros que no tienen rey, experimentan la necesidad de uno, pero ante las fatigas y lo largo de este viaje para ir en su búsqueda, la mayor parte de los pájaros van encontrando un pretexto para no ponerse en camino.



Las numerosas anécdotas que utiliza la abubilla para convencer a los pájaros a emprender este viaje hacia las montañas del Cáucaso en busca del rey perfecto, el Simorg, forman la trama del poema, con una profundidad y una variedad que nos hacen ver la compleja personalidad de los seres humanos.
Porque no van buscando solamente a un rey para su nación, sino un rey que será para cada uno y que les proporcionará la felicidad y la completa satisfacción.

Para esto él lo describe como el rey del amor y las numerosas anécdotas sobre el amor, ya sea del príncipe que enamoraba a diez mil personas a la vez y que tuvo que construir un espejo para que sólo lo vieran a través de él, pues era demasiado hermoso para ser visto directamente, o las anécdotas sobre la *locura divina*, es decir, los santos alejados del mundo y entregados a la meditación y el amor divino, intentando desapegarse de todas las cosas y de todos los seres, no son más que aproximaciones a ese ser maravilloso del que les habla la abubilla, que por haber servido de guía a Salomón y por estar, como dice, en posesión de los *secretos divinos*, tiene una idea de cómo llegar hasta él.

Mantic uttair El Lenguaje de los Pájaros Farid Uddin Attar utiliza, además, un lenguaje muy bello que parece estar basado en una experiencia suya, pues de otra forma no sería posible que este tema, la búsqueda de la verdad, estuviera tratado de una forma tan viva y tan compleja.
Aunque Attar no lo menciona, el Simorg es un ave mitológica de los antiguos persas compuesta de partes de ave, partes de pez, arroja fuego como el dragón y tiene patas para andar por tierra.
Representa una síntesis de los cuatro elementos.

De la obra de Attar nos han llegado más de veinte poemas místico-alegóricos.
Un manuscrito de la Bibliotheque Nationale de París, que comprende solamente quince de los poemas además de una obra en prosa titulada Biografías de Santos, donde se encuentran interesantes datos acerca de los primeros sufíes.
Tiene también el *masnawi* El libro de los misterios y acompañando a los poemas largos se encuentran en los manuscritos composiciones cortas como *La Rosa y Ormuz*, *El libro de la mala suerte*, *El libro del camello* .



La historia comienza cuando todas las aves reúnen y escogen a la abubilla como guía, pues este pájaro ya actuó como embajadora entre Suleiman y la Reina de Saba, y, además, es el único que porta una corona.
Ella es quien propone al Simorg que habita en la Montaña de Qaf, como la única ave merecedora de llevar la corona real.
Cuando otros pájaros dan excusas para no adherirse a esta elección, la abubilla responde a cada uno mediante anécdotas que les convencen y cuando aparecen las quejas debido a lo arduo del viaje, trata de convencerlos del mismo modo para que lo emprendan.

Finalmente deciden iniciar la búsqueda del Simorg.
Para ello los pájaros deberán atravesar siete valles llamados:
búsqueda, amor, gnosis, contento, unidad, maravilla y pobreza, sufriendo en ellos multitud de adversidades.
Pasan años viajando sobre montañas y valles, siguiendo a la abubilla, empleando en ello gran parte de su vida.
Al final, de las miles de aves que habían emprendido la búsqueda solamente treinta alcanzan la morada del Simorg.

Muchas se pierden en el océano;
otras perecen en la cima de las montañas torturadas por la sed.
A otras se les queman las alas por el calor del sol;
otras son devoradas por tigres y panteras;
otras mueren de fatiga en los desiertos, con sus picos quebrados y sus cuerpos abrasados por el calor;

otras enloquecen y se matan entre sí por un grano de cebada;
otras, debilitadas y sufriendo por sus heridas, se quedan tiradas en el camino sin poder continuar;
otras, aturdidas por lo que ven, se detienen aquí y allá, estupefactas;
y muchas que habían comenzado el viaje para satisfacer su curiosidad, perecen con la idea de que ya han llegado al final.

Incluso las que llegan, lo hacen aturdidas, golpeadas, cansadas y sin plumas ni alas.
Pero, por fin, han alcanzado la morada de su Majestad.
Entonces todas ellas penetran en un estado que no se puede describir y en una esencia que no se puede comprender, pues, una vez en la puerta, son llenadas de luz, y cientos de mundos se consumen ante sus ojos en un momento.



Ven a miles de soles, unos más brillantes que los otros, miles de estrellas y de lunas de igual belleza, y viendo todo ello se agitan asombradas en una danza como la del polvo de los átomos, y gritan:

*¡Oh tú, que eres más radiante que el sol!
¡Tú, que has reducido al sol en un átomo!

¿Cómo podemos aparecer ante Ti?
¿De qué nos sirve ahora todo el sufrimiento del camino?
Hemos renunciado a nosotros mismos y a todo, no podemos obtener nada por lo que hemos luchado.
Aquí, poco importa que existamos o no*.

Después de mucho tiempo de espera, las aves comienzan a sentir desesperación y confusión.
Hasta que, por fin:

*… una puerta se abrió de pronto, y salió uno de los nobles chambelanes de Su Majestad Suprema.
Los miró y observó que de los miles de pájaros, sólo treinta habían llegado*.


Les dijo:

*Bien, oh aves, ¿de dónde venís, y qué es lo que hacéis aquí?
¿Cuál es vuestro nombre?
Oh, tú, que lo has dejado todo, ¿Dónde está tu casa?
¿Cómo te llamaban en el mundo?
¿Qué se puede hacer con un débil montón de polvo como tú?*

*Hemos venido*, dijeron los pájaros, *para rendir pleitesía a nuestro Rey Simorg.
Por su amor y su deseo hemos perdido nuestra razón y la paz de nuestras mentes.
Hace mucho tiempo, cuando emprendimos este largo viaje, éramos miles.
Sólo hemos llegado hasta este sublime lugar treinta.
No podemos creer que el Rey quiera burlarse de nosotros después de tanto sufrimiento como hemos tenido que pasar.
¡Ah no!
¡Él no puede mirarnos más que con el ojo de la benevolencia!*



El chambelán replicó:

*iOh vosotros, cuyos corazones y mentes están confundidos, a pesar de que existáis o no en el universo, el Rey tendrá a su ser siempre en la eternidad.
Miles de mundos de criaturas no son más que hormigas a su puerta.
No traéis más que quejas y lamentos.
Regresad por donde habéis venido, oh vil montón de tierra!*

Al oír esto, las aves se quedaron petrificadas de asombro.
Cuando volvieron en sí se dijeron:

*¿Por qué este gran Rey nos ha rechazado tan ignominiosamente?
Y si en realidad su actitud hacia nosotros no ha de cambiar, ¿por qué no lo hace con honor?*

Pero, al cabo de un tiempo, la inicial indignación de las aves se trocó en hondo amor.
Y entonces dijeron:

*¿Cómo puede salvarse una mariposa del abrazo de la llama que desea para alcanzar la unidad?
El amigo que buscamos se contentará permitiéndonos unirnos a él.
Si nos rechaza ahora, ¿qué es lo que puede hacer por nosotros?
Somos como la mariposa que desea unirse a la llama del candil.
La gente le pedía que no se sacrificara tontamente, pero la mariposa les agradeció el consejo y les dijo que su corazón lo único que deseaba era unirse a la llama para siempre, no le importaba nada más*.

Se sintieron como aquella mariposa que lo único que deseaba era unirse con la llama para siempre.
Después de estas palabras, el chambelán abrió la puerta y, tras examinarlos, hizo a un lado cientos y cientos de cortinas, una detrás de otra, y un mundo que estaba más allá del velo les fue revelado.
La luz de las luces les fue manifestada, y cada uno de ellos se sentó en el masnad, el asiento de la Majestad y la Gloria.
Se les dio un escrito que debían leer;
y leyéndolo y ponderándolo fueron capaces de comprender su estado.



Cuando estuvieron completamente en paz y apartados de todas las cosas, se dieron cuenta de que el Simorg estaba ahí con ellos, y que para ellos comenzaba una nueva vida al lado del Simorg.
Todo lo que tuvieron que hacer fue lavarse de todo lo anterior.
El sol de la majestad emanó poderoso sus rayos y en el reflejo de cada uno estaban los rostros de Simorg en el mundo interior.
Todo era tan asombroso que ya no sabían si eran ellos mismos o si se habían convertido en el Simorg.

Al final, en un estado de contemplación, se dieron cuenta de que ellos eran el Simorg y que el Simorg era los treinta pájaros.
Cuando veían al Simorg, se veían a sí mismos y eran el verdadero Simorg, aquello que habían sido, y cuando volvían sus ojos hacia sí mismos, veían al Simorg, porque ellos eran el Simorg.
Y percibiéndose a la vez, ellos y Él, se dieron cuenta de que el Simorg y ellos eran el mismo y único Ser.
Nunca nadie en el mundo oyó nada igual a esto.

Y percibiéndose a la vez, ellos y Él, se dieron cuenta de que el Simorg y ellos eran el mismo y único Ser.
Entonces se pusieron a meditar y, después de un momento, preguntaron al Simorg, sin usar sus lenguas, si podía revelarles el secreto de la pluralidad y la unidad de los seres.
El Simorg, sin usar el habla les dijo:

*El sol de la majestad es un espejo.
Aquél que se ve en él, ve su alma y su cuerpo, y los ve por completo.
Como habéis llegado hasta aquí como treinta aves os miráis como treinta aves en este espejo.
Si hubieran venido cuarenta o cincuenta, hubiera sucedido lo mismo.
Y aunque ahora habéis cambiado, en este espejo os veis como antes.

¿Puede la vista de una hormiga alcanzar a ver las Pléyades?
¿Puede este insecto levantar una viga?
¿Se ha visto a un mosquito picar a un elefante?
Todo lo que habéis conocido, todo lo que habéis oído, ya no existe.

Cuando cruzasteis los valles del sendero espiritual y cuando hicisteis buenas obras, fue por mi acción;
así fuisteis capaces de ver los valles de mi esencia y mis perfecciones.
Vosotros, que sois sólo treinta aves, hicisteis bien en sufrir, en asombraros y en impacientaros.
Porque yo no soy más que treinta aves.

Y soy la verdadera esencia del verdadero Simorg.
Aniquilaos gloriosamente y con gozo dentro de mí, y en mí os encontraréis.

Entonces las aves se perdieron a sí mismas para siempre en el Simorg, la sombra se perdió en el sol, y eso fue todo.

Esta epopeya maravillosa es una alegoría que ilustra la búsqueda del sufí y no sólo del sufí, sino de todo aquél que llora por su patria perdida.



Fuerte abrazo.

Gilgamesh***

Fuentes;
-libroFaridAttar
-arsgravis