sábado, 22 de febrero de 2014

* Sol dormido, ciudadanos despiertos; Argentina y la crisis financiera mundial *

***Muy buenas noches para todos.

Sol quieto pero espectante, así que aprovechamos éste tiempo para hablar de geo-política y economía, de un extracto como muestra en Argentina, de lo que está pasando en el mundo.

Muchos lectores que no residen en Argentina se preguntarán ¿qué pasa en Argentina?, y seguramente la mayoría creerá en todo lo que leen a través de los medios hegemónicos de internet.
Muchos lectores que sí residen en Argentina podrán contarles lo que pasa, pero de acuerdo a sus percepciones, que serán siempre parciales si no intentan despojarse de los apasionamientos, odios u amores. Podría yo esbozar mi propia percepción y explicación basado no en sentimientos, sino a manera de testigo imparcial como una vieja estatua callejera, sin embargo es imposible. Imposible al menos conformar a unos y a otros, a los que piensan igual o a los que piensan distinto. Por eso elegí dos análisis a cargo de expertos, y bien se me podría acusar de seleccionar expertos afines a mi forma de pensar, ante lo cual les digo que siendo así, no alcanza a los talones de la atrocidad que los medios dominantes hacen con todos nosotros en todo el mundo, cada día, a cada hora. 

Cuando hablo de *monopolio informativo* deberán entender que no me refiero a gobiernos locales, porque cada vez que abren su navegador de noticias se darán cuenta que esas agencias no son ni de Maduro, ni de Correa, ni de Morales, ni de Roussef, ni de Kirchnner, como tampoco lo son de Santos, ni de Peña Nieto, ni de Chinchilla ni de Piñera, no..., son de el capitalismo mundial, que usa la imágen del presidente que mejor les convenga. Saquen ustedes sus propias conclusiones sobre el manejo de los medios en vuestros países pero también investiguen quienes son las corporaciones que los manejan y descubrirán curiosas ¿coincidencias? a través de las cuales todos terminan siendo socios a nivel mundial, con acciones, terciarizaciones y una amalgama que no tiene bandera, que es organizada, que cierra filas en todo el mundo, que pone y saca a los gobiernos según sus intereses y que saben como dirigir nuestra opinión y percepción. 

A la hora de las elecciones ellos digitan y catapultan a los candidatos que van a beneficiar a sus corporaciones y nunca pensando en el pueblo. Cuando no tienen éxito y los gobiernos no les son afines, intentan esmerilarlos hasta volverlos frágiles ante la opinión pública y son la pata intelectual que deja el camino libre a las patas política y económica. El caldo de cultivo ya está listo, el pueblo sólo ve lo malo y se olvida de lo bueno, vive privilegiando el odio y el odio ciega, a punto tal que se regocijan especulando con la caída de su gobierno para salir a festejar...Pero...¿a festejar qué?..¿acaso alguien puede ser próspero junto a sus hijos en el caos?. Un caos que hace su negocio, usando soldados gratuitos, sin gastar ni una sola bala para dar un golpe de estado, idiotas útiles, personas comunes que ni siquiera saben para qué intentan derrocar a un gobierno si no hay nadie que ofrezca mejores propuestas.. . Por eso, esté Usted en el país que sea, cada vez que abra su navegador de noticias predetrminado... por internet, verá siempre lo mismo y eso es lo que están haciendo orquestadamente, lavarnos el cerebro a todos para que actuemos como sujetos afines a su causa, y nunca en pos de nuestra causa.

Algo de verdad sobre la devaluación en Argentina
Alfredo Serrano Mancilla-Doctor en Economía, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

De nuevo, los editoriales se han apresurado a la lectura catastrofista de la devaluación del peso argentino en los últimos días. Sin matices, y abusando de la práctica cada vez más común del atajo argumentativo, el maniqueísmo se ha apoderado del mainstream opinante en materia económica. Pocos se han puesto a analizar de cerca lo que ha sucedido en las entrañas de un complejo mercado cambiario dentro de una economía política argentina siempre en disputa. El común denominador ha sido, es y sigue siendo, alarmar sobre el “derrumbe de la economía argentina”. Seguidamente, se ha comparado, sin complejos, con el devenir de la devaluación generalizada de otras economías emergentes, como el caso de Brasil, Colombia o Chile en América latina. Pero no satisfechos con este salto mortal, envuelven el análisis a partir de una renovada corriente mediática basada en que las economías emergentes están sufriendo la decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos de comenzar a retirar las medidas de estímulo (acabar con la relajación cuantitativa de los últimos años pos crisis financiera que permitió emitir mucho papel-dólar). Esto implica que la tasa de interés (a largo plazo) en Estados Unidos suba de inmediato -porque se hará más caro el dinero ya que no habrá más emisión de moneda- siendo este destino más atractivo para el capital financiero internacional. Dicho de otro modo, el capital saldría corriendo de los países emergentes para buscar de nuevo refugio en el dólar, con una tasa de interés más retribuida en los Estados Unidos.



Por ello, según la ortodoxia dominante, los países emergentes (India, Turquía y Sudáfrica) han reaccionado con un incremento del tipo de interés para atraer a esos capitales golondrinas. Lo extraño de este panorama explicativo es que han tratado por igual a todos los países, muy propio de esos que sí creen que sólo hay una herramienta analítica y un objetivo económico válido para todos los países. No llegan a entender que por ejemplo en Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador tienen sus propios retos, y sus propios instrumentos que no siguen dogmas neoliberales, y que se reinventan permanentemente dentro del progresismo posneoliberal latinoamericano.
Comparar con tanta ligereza el fenómeno –cierto- de la salida de capitales de Brasil o India en dirección hacia los Estados Unidos y lo sucedido en Argentina solamente se explica por desconocimiento o por una práctica malitencionada. Sea como fuese, lo real es que Argentina no fue un receptor de este tipo de capitales en la última década kirchnerista. De hecho, es precisamente la queja de los adalides del modelo neoliberal en estos años pasados proclamando por activa y por pasiva que “la política de los K no atrae capital extranjero”. Esta reiterada demanda de déficit de capital extranjero no puede ser obviada para –ahora sí- decir que el capital se vuela. En Argentina, los dólares se van o no llegan por otras razones que se procurarán explicar en las próximas líneas. Para aquellos economistas del establishment internacional que escriben de Argentina sin saber ni siquiera cuál es la conformación social-económica-cultural-política, por favor, presten un poco de atención a las próximas líneas.



El año pasado, Argentina cerró un balance comercial superavitario, como así viene sucediendo en la década pasada del gobierno kirchnerista. Las exportaciones siguen siendo superiores a las importaciones, pero el ritmo de crecimiento de unas y otras es distinto. El año pasado, las exportaciones siguieron creciendo, pero menos que otros años. ¿Por qué? Porque todos los organismos internacionales ratifican que la demanda mundial cae como producto de esta nueva crisis sistémica del capitalismo. Pero además, por un lado, a los países emergentes le urgen industrializar para evitar dependencia importadora (véase lo acordado en China en el último encuentro del Partido Comunista); por otro lado, en los países enriquecidos también desean detener el proceso de desindustrialización de los años anteriores (como Estados Unidos y buena parte de la Unión Europea) y volverán al viejo modelo de sustitución de importaciones. A esto, hay que sumar que algunos países de la periferia europea, y de las economías asiáticas, buscan en las exportaciones el único camino para acelerar su crecimiento (véase España que lo único que ha mejorado en estos años ha sido su patrón exportador). Estos tres factores explican que las exportaciones argentinas no crezcan como años anteriores. En relación a las importaciones, éstas siguen teniendo un ritmo cada vez más creciente en Argentina motivado por una demanda interna fuerte gracias a las políticas redistributivas implementadas, y además, por una demanda interna de insumos intermedios –muy vinculados a industrias con alto componente tecnológico- necesarios para el proceso de reindustrialización. Todo ello explica que este año 2013, las importaciones crecieran al 8% y las exportaciones lo hicieran al 3%.



Esto es sólo una causa estructural de lo que sucede con la salida y llegada de dólares. Hay muchas más. Ocurre que hay 8 millones de toneladas de granos, mayormente soja, sin liquidar. Esto equivale a 3.500 millones de dólares que podrían ingresar al país pero no lo hacen porque los exportadores han decidido realizar un paro exportador pensando que así pueden chantajear para obtener una devaluación que les favorezca. Y de camino, como nunca les viene mal, desestabilizan la macroeconómica cambiaria debido a esta no entrada prevista de dólares derivada de esa operación comercial. Bajo esta nueva versión, reeditan el conflicto del campo (de la resolución 125 que modificaba las retenciones sobre las exportaciones) buscando poner en jaque al gobierno que pone en jaque, en versión de golpe de mercado a cámara lenta. Este paro exportador provoca que no se ingresen al fisco casi 1.400 millones de dólares. La prensa internacional, pero también la nacional que replica lo que dice la internacional aunque hable de su propio país a miles de kilómetros de distancia, opta por decir que lo que pasa en Argentina es por la Reserva Federal de los Estados Unidos al igual que pasa en India y Turquía. Incluso otros, aprovechando que el mundo está lleno de coincidencias, se dedican a gritar a bombo y platillo que Argentina y Venezuela tienen el mismo problema de colapso cambiario. Tampoco son capaces de darse cuenta de que son dos economías en las que los dólares vienen por vías diferentes: en Venezuela, PDVSA es el sector público que exporta petróleo, y en Argentina, por el contrario, el traedor de dólares es el sector privado. No sólo eso, sino que Venezuela cuenta con un tipo de cambio fijo, con dos tipos en la actualidad, uno preferencial para la mayoría de los bienes (80%) y otro para el resto (incluido las remesas de utilidades neta de la inversión extranjera) y en Argentina hay un sistema de cambio flexible, con flotación administrada por participación del gobierno en el mercado cambiario, que determina un único tipo de cambio.



En Argentina, lo que ha sucedido en este remake “campo contra pueblo” es que en enero del año pasado se había liquidado el 97% de la cosecha de soja, mientras que en la actualidad sólo alcanza un 83%, pero no por falta de compradores. Ahora bien, el problema central es que el campo no es un sujeto democratizado: sólo el 6% de los productores concentra el 54% de la producción. En el caso de la soja, las diez primeras cerealeras del país explican el 96% de las ventas al exterior. Hete aquí el quid de la cuestión; en Argentina sí se ha redistribuido la riqueza, pero aún resta mucho en materia de distribución primaria del ingreso. Esta no democratización de este poder económico se paga en democracia. Y esta vez, se paga con una devaluación forzosa que además viene orquestada con una operación bursátil especulativa. Shell compró 3 kilos de tomates a precio de 8,40 pesos cuando costaban algo menos de 7,20. ¿Por qué? Porque es conocedor de que la bolsa es así, no obedece a principios éticos sino a la máxima tasa de ganancia posible. Unos pueden argumentar que se hizo sólo para forzar el precio final del dólar hasta casi 8 puntos, y además obligó al estado argentino a participar gastando dólares; otros dirán que compró estos 3 kilos (millones de dólares) a 8,40 porque antes había comprado muchos más kilos a menos de 7, y entonces, cuando el nuevo precio se instalara en 8, se podría vender el resto de kilos de tomates teniendo sustanciales ganancias. Ambas cosas serán ciertas; pero el resultado es que esta operación se hace en sintonía fina con el resto de situaciones ya comentadas. Es lo malo que tiene seguir confiando en un sistema bursátil que aún tiene mucho de regulación de la vieja dictadura argentina. Por ello, esto vuelve a enseñarnos que los acertados cambios a favor del pueblo gracias a muchas políticas económicas necesitan también de transformaciones de ciertas estructuras heredades del neoliberalismo. Rectificar ha de ser de sabios, y aún se está a tiempo de evitar esas prácticas buitres con una gran reforma del sistema financiero en Argentina.



Otro factor que parece no haber sido tenido en cuenta es la deuda heredada del neoliberalismo que aún se tiene que pagar a pesar del canje reestructuración iniciada en 2005. Más que se tiene que pagar, es que se ha decidido pagar. Por ende, esto implica que la amortización de la deuda merma dólares disponibles para el desarrollo social inclusivo que procura este actual gobierno. A modo de ejemplo, sólo en un día, el Banco Central tuvo que hacer frente a 250 millones de dólares. De esta forma, la caída acumulada en todo el mes de enero sumaba 2342 millones de dólares. Y para explicar mejor esto, un dato: en el 2013, el 70% de la caída de divisas corresponde a pago de la deuda. De hecho, en la década kirchenerista, se pagaron 43.000 millones de dólares que permitió bajar de una deuda del 160% del PIB al actual 42%.
A toda esta restricción externa, se suma el mercado ilegal de dólares, que no se pierde esta fiesta de desestabilización. Este es un mercado que carece de racionalidad económica y sí posee, en cambio, una absoluta racionalidad política. Siempre pasa igual: antes de las elecciones presidenciales de 2011, se disparó el tipo de cambio ilegal (llamado blue); en las elecciones legislativas de hace meses, se elevó el ilegal; y ahora, en este momento de tensión externa, de nuevo, crece la tasa de cambio ilegal. A esta ilegalidad se le suma otra, la fuga de capitales, que puede ser por pagos en exportaciones que nunca ingresan al país, por salidas a través de operaciones financieras sofisticadas con títulos públicos (que se estiman que han supuesto 30.000 millones de dólares), y por tantos otros motivos. Todos esos episodios explican 62.000 millones de dólares de fuga desde el 2007 hasta la actualidad.



Esto fue lo que pasó, y no lo que dicen los medios tan hegemónicos que no son capaces de explicar heterogeneidades nacionales. La consecuencia es que la restricción externa-interna del dólar aprieta, tanto en lo macroeconómico como en lo político porque es el caldo de cultivo para que el mediático trastorno obsesivo compulsivo por el dólar haga su trabajo de desgaste. Así, si en 2011 sus reservas en dólares suponían un monto de más de 50.000 millones de dólares, actualmente esa cifra está por algo por debajo de 30.000 y 29.000 millones, cantidad más que suficiente para atender más de los 3 meses de precaución establecidos por la cautela de la ortodoxia dominante. Y también suficientes para apostar por reabrir la posibilidad de adquirir moneda extranjera para atesorar, con la intención de que este coste cortoplacista de pérdida de dólares sea compensado por la eliminación de un tipo de cambio ilegal tan elevado. No obstante, someter a racionalidad económica el tipo de cambio ilegal es querer pensar demasiado bien del comportamiento de los especuladores. De todas formas, sí tiene algo de positivo esta medida en lo político: calmar la ansiedad-dólar sin un elevado coste económico. Por ahora, el sistema de la AFIP validó a 277.541 individuos, y los bancos efectivizaron operaciones por 68,3 millones de dólares en 127 mil transacciones. El importe no es tan alto, y sí permite amortiguar parcialmente esos “deseos de dólar”. Pero en el otro lado, está su inconveniente: el gobierno da muestras de que no pudo acabar con el mito del dólar (Argentina es el país que tiene el mayor volumen de dólares per cápita detrás sólo de los Estados Unidos). Ya no será posible -hacia delante- procurar instalar en el imaginario que la moneda única de la economía argentina es el peso argentino, lo que indudablemente supone mermar la soberanía de la política económica. Las expectativas, después del mensaje (que habilita atesorar divisa), serán tanto en pesos como en dólares. Así que esta medida tranquiliza pero a la vez perpetúa está dinámica de una Argentina ciertamente bimonetizada que hará complicado des-dolarizar algunos sectores como el inmobiliario.



La devaluación consentida, como así llamaría a esta devaluación inducida pero aceptada, hasta llegar al actual tipo de cambio, es fruto de una disputa de economía política propia de Argentina, en la que el campo vuelve a ganar. Ahora queda por ver si esta puja distributiva afecta a la pérdida de la mayoría trabajadora. La devaluación podría aumentar los precios por la vía del encarecimiento de productos importados (bienes finales o insumos intermedios para la reindustrialización). Frente a ello, el gobierno tiene diferentes opciones: a) que la política de precios cuidados sea efectiva, y b) si los precios al final suben, será necesario entonces un incremento de salario nominal que permita seguir la política de aumento de poder adquisitivo real. Sin embargo, el gobierno tiene también otras opciones más radicales ante estas injusticias: c) reformar cuanto antes un sistema financiero y bursátil que permite aún poner en peligro la soberanía económica del país, d) una política de comercio exterior que cree una empresa pública que sea la responsable de gestionar la venta de ciertas mercancías del agro.
Hasta el momento, el gobierno kirchenerista ha garantizado una década ganada para las mayorías sin afectar mucho a la década ganada para un poder económico fuertemente concentrado; en los próximos días, o meses, habrá que esperar ver si el gobierno sigue contrarrestando las maniobras especulativas con respuestas parciales o se atreve a modificar ciertos pilares del régimen de acumulación histórico de la Argentina. No hay que olvidar que esto, de evaporar dólares, es algo que sucedió con Alfonsín en 1989, sin recursos para controlar el tipo de cambio, que provocó la hiperinflación perfecta para que sirviera de excusa del deseado ajuste neoliberal.



Por ello, toca estar muy atentos, y no dejar que todo se explique sin fundamento, o como si se tratase de una cuestión meteorológica. Todo lo contado -y seguro que mucho más- es lo que ayuda a conocer más sobre la verdad que explica aquello que acaece en Argentina, su devaluación y la nueva medida que permite atesorar dólares. La restricción externa afecta. Aunque en Argentina, la restricción interna sigue siendo aún más determinante.


Ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!.

Atilio A. Boron-Politólogo y Sociólogo argentino, doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard.

La Argentina enfrenta una grave crisis cuyas dos principales manifestaciones son la trepada del dólar –que refleja una peculiar anomalía argentina, porque esa moneda se está devaluando en todo el mundo, incluyendo por supuesto América Latina y el Caribe- y la resultante escalada inflacionaria que la insólita revaluación de la divisa estadounidense produce en la economía argentina. La devaluación del peso y el impulso inflacionario son, en realidad, dos caras de una misma moneda. Pero la gran paradoja es que desplome sufrido por el peso no guarda correspondencia con la situación imperante en la economía real. Esta no tiene la solidez y el dinamismo del período 2003-2008, pero está lejos de verse reflejada en los desquiciantes movimientos que se registran en el tipo de cambio. Veamos: la producción agropecuaria se mantiene en niveles comparativamente muy elevados, aun cuando la “sojización” de la agricultura plantea numerosos problemas (económicos, sociales y ecológicos) que no podemos examinar aquí; algunas ramas del sector industrial (automóviles, motocicletas, electrónicos diversos, etcétera) marcan nuevos records a pesar de las restricciones para la importación de algunos insumos cruciales; la gran minería prosigue su marcha, más allá de lo ocurrido con Pascua Lama producto de un fallo de la justicia chilena; la explotación de hidrocarburos, estimulada por las perspectivas de Vaca Muerta retoma un ritmo ascendente; los bancos y las entidades financieras registran significativas ganancias y según un reciente estudio de la CEPAL las exportaciones argentinas crecen por encima del promedio regional.
Si esto es así, ¿qué es lo que está ocurriendo? Más allá de abrir una discusión seria sobre “el modelo”, misma que no hicieron los economistas de la oposición adscriptos férreamente al neoliberalismo de los años noventa, ni tampoco los del oficialismo, para quienes lo único que había que hacer era “profundizar” un esquema económico cuyos límites, inconsistencias y deformaciones eran evidentes por lo menos desde el 2010 y acerca de los cuáles más de una vez nos referimos en nuestro blog. Pero más allá de esta necesaria discusión, decíamos, se impone actuar con urgencia sobre la coyuntura cortando de un tajo el nudo gordiano que está asfixiando a la economía argentina con la estampida del dólar y la peligrosa escalada inflacionaria. Para ello el estado deberá recuperar, sin más dilaciones, el control del comercio exterior, fuente insustituible de las divisas que necesita el país.



Es absurdo, y a estas alturas demencial, que cinco o seis grandes oligopolios manejen el grueso de la divisas que ingresan por la vía de las exportaciones agropecuarias. En una economía tan dolarizada como la Argentina, en donde los componentes importados afectan a casi todas, por no decir todas, las actividades económicas del país, dejar que la disponibilidad de dólares quede en manos de un puñado de oligopolios es un acto de soberana insensatez. En Chile, sin ir más lejos, los ingresos de su riqueza principal, el cobre, los controla exclusivamente el estado. En nuestro país, en cambio, un 80 por ciento de lo producido por las exportaciones cerealeras lo retienen grandes oligopolios transnacionales, y especialmente Cargill y Bunge, seguidos de cerca por Continental y Dreyfus; a su vez un par de grandes empresas controlan los ingresos que producen las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario, principalmente aceite de soja; en la gran minería quienes lo hacen son las transnacionales del sector; y en el área de hidrocarburos (petróleo y gas) las propias empresas, con el agregado ahora de YPF pero sin perder de vista que ésta es una sociedad anónima y no una empresa del estado. Todas estas corporaciones están fuertemente articuladas con la banca extranjera, predominante en la Argentina, y mantienen fluidos contactos con los paraísos fiscales que proliferan sobre todo en el capitalismo desarrollado. En suma: un puñado de 100 empresas controlan aproximadamente el 80 por ciento del total de las exportaciones de la Argentina, y son ellas las que retienen los dólares que surgen de este comercio y que son requeridos por distintos sectores de la economía nacional.
De lo anterior se infiere una conclusión tan simple como contundente: quien controla la disponibilidad de dólares termina teniendo la capacidad de fijar su precio en el mercado local, especialmente ante un Banco Central debilitado y cuyas reservas cayeron de 52.190 millones de dólares en el 2010 a 28.700 millones de dólares al finalizar enero del 2014. Esta debilidad del BCRA le impide desbaratar las maniobras de la cúpula empresarial más concentrada, fuertemente orientada hacia los mercados internacionales, y para la cual el dólar “recontra alto” (uno de los pilares del menemismo) significa pingües ganancias porque desvaloriza el salario de los trabajadores y les permite alentar la carrera inflacionaria con la seguridad de que su disponibilidad de dólares la sitúa a refugio de cualquier contingencia.



En consecuencia, el control de las divisas por parte de ese puñado de grandes oligopolios le permite ser el verdadero autor de las políticas económicas de un país tan dolarizado como la Argentina y, además, extorsionar a cualquier gobierno que no se someta a sus mandatos. Pueden aterrorizar a la población agitando el fantasma de la hiperinflación, que este país padeció a tan brutal costo en 1989 o el espectro del “corralito” de finales del 2001, y de ese modo desestabilizar a un gobierno que debe jugar partidas simultáneas de ajedrez (en el frente fiscal, tributario, monetario, cambiario, productivo) con enemigos que no sólo procuran derrotarlo en una puja puntual sino sobre todo derrocarlo. Y el gobierno actual comete el error de pensar que con concesiones varias podrá apaciguar el “instinto asesino”, como le llaman admirativamente los ideólogos neoliberales, de esos enormes conglomerados para las cuales la ganancia y el ganar -sobre todo el ganar, como recordaba Marx- es una verdadera religión cuyos preceptos son respetados escrupulosamente. Por ejemplo, el carácter sacrosanto de la propiedad privada y, por extraño que parezca, la convicción de que la lucha de clases es algo tan natural y omnipresente como el aire que respiramos, y libra esa batalla con todas sus fuerzas. Ante cada concesión de un gobierno satanizado como su enemigo la única respuesta que tiene es la de atacarlo con más ferocidad que antes, exigiendo, como Shylock a Antonio, más y más concesiones: ¡pague la deuda, acuda al CIADI, arregle con el Club de París, abra Vaca Muerta para empresas fugitivas de la justicia como Chevron, indemnice a Repsol, deje que la gran minería trabaje sin interferencias!, mientras persiste en su ataque en todos los frentes con el apoyo de la prensa hegemónica que maneja a su antojo. La crisis actual demuestra, de paso, lo ilusoria que fueron aquellas expectativas del kirchnerismo de crear una burguesía nacional, patriótica y solidaria con los intereses de las mayorías. Ya lo había dicho el Che, hace cincuenta años, y la historia le volvió a dar la razón por enésima vez: la burguesía nacional no existe.



Ahora bien: ¿cómo debería producirse la estatización del comercio exterior? Primero, no puede ser una medida aislada porque se necesita un enfoque integral que: (a) abarque a toda la cadena de comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo; (b) aumente las alícuotas impositivas a la gran propiedad rural e implemente un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de las cerealeras, hoy cómplices necesarias de la corrida cambiaria; y, finalmente, (c) que re-estatice los puertos del sistema de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados en los años noventa y que son las puertas de salida de gran parte de las exportaciones agropecuarias. Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Segundo, se requiere imaginación y experiencia práctica, porque no se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones, (como el silo bolsa, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha) lo que le permite postergar su venta hasta que el precio sea aproxime a sus expectativas, todo lo cual torna más difícil el control del comercio exterior por parte de los gobiernos. De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI.



Tercero, y decisivo, esto solo será viable si se constituye un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: la largamente demorada reforma tributaria y la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados, para comenzar. Una convocatoria popular sin sectarismos ni soberbias burocráticas; sin verticalismos ni verdades establecidas, porque de lo contrario la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Resta ver si el gobierno es consciente de la gravedad de la situación y decide actuar en consecuencia. La experiencia pasada no permite abrigar demasiadas expectativas pero, como tantas veces lo recordaran las Madres de Plaza de Mayo, no hay peor lucha que la que no se libra.


Gentileza de Rebelion.org
Gilgamesh***

8 comentarios :

ismael_34 dijo...


bien por el amigo Lehaim

estuvo mas acertado que yo con lo de la entrada del satelite


enhorabuena comandante Lehaim .jejeje


chauuu

Gilgamesh dijo...


Ismael; eso no le quita a Usted su rango asignado, jeje, abrazo.

Dan A dijo...

Uff amigo,hablar de politica ese teatro con tantos actores,de diferentes colores que a pesar de diversos papeles actuan bajo la batuta de un mismo director.

Hay muchos que aplauden la obra,otros los más ahora,la abuchean pero la observan intentando adivinar si en el próximo "sketch" serán mencionados,unos pocos se atreven a lanzar algún tomate al palco y rapidamente los dispositivos "anti-incendio" los "gasean" desde lo alto......y otros ,dimos la espalda a la representación ,vimos que hay brechas en la pared principal donde entra una gran Luz Blanca que intenta iluminar los cogotes de la platea.....aún continuamos en el teatro pero intuimos que la "pieza" está próxima a terminar y no nos merece atención,aunque de cuando en cuando llega uno de los "acomodadores" nos toca el hombro y nos "invita" sutilmente a seguir acompañando la tragicomedia.

Continuo en otro comentario Gilga,periodicamente se desconecta el ordenador y pierdo lo escrito..

Dan A dijo...

Y nadie de los que se dan la vuelta pasa inadvertido,tal vez sí para la mayoria de espetadores,pero no para los que están representando en el escenario,prontos para hacer un guiño hacia el "acomodador" más cercano...

Esas "brechas",tomando tiempo referencial terrestre se intensificaron tal vez en la década de los 70 y con más notoriedad aún a partir de 2009,cuando muchos y tantos espectadores comenzaron a sentir la claridad en sus espaldas,y por un motivo u otro,un "origen" u otro,comenzaron a "girarse" para dar la espalda a la "obra".

En ese proceso estamos apreciado Gilgamesh,considerándote uno como yo de los que nos dimos la vuelta y aún con momentos de obediencia al "acomodador".....con más fuerza reaccionamos en la "rebelión",volviéndonos de cara para la Luz.

No creo en "Contactados" pero si en "contactos" para este tiempo final,nada relacionado con lo espiritual en este plano puede ser mantenido ininterrunpidamente,por ello quien quiere hacer negocio,diciendo que vió la Luz,cuando se giró para el de al lado,ya se ha "girado" por si mismo.

Aquel que tiene una panaderia,se levanta todos los dias,con mejor o peor humor,produce el pan con menor o mayor voluntad y lo vende con mejor o peor sonrisa,todos los dias,porque todos los dias quiere el "fruto" de su trabajo....sin embargo aquel que quiere "vender"algo espiritual ni todos los dias ni a todas horas tiene con qué producirlo,por lo que no puede hacerse un negociante de ese bien.

Gilga,he acompañado tu blog el tiempo suficiente para notar la honestidad de tu caracter y pulcritud de corazón.

Dejo a tu criterio colocar el comentario en la caja.

Un fuerte abrazo,amigo!

2..1.1.2..2..01.2..
2..1.1.2..2..01.2..

ismael_34 dijo...



jejejej que buenooo

venga sigo siendo el jefe de visión remota del grupo ,jejejeje


chauuu

Gilgamesh dijo...


Dan; buen comentario amigo. El grave problema de éste mal llamado capitalismo es que el techo de las ambiciones no tiene fin. Cuando al panadero le llega la bolsa de harina al triple, lo obliga a aumentar el precio o bien a regalar el pan y cerrar su panadería. El sistema es perverso, y hace que la gente de buen corazón deje de tenerlo. Muchos pueden resignar ganancias y proseguir brindando bienes o servicios a la comunidad, otros, si no ganan más no les interesa dar nada. Nos guste o no, la política nos atraviesa a todos, la economía también, y el dinero cuando se vuelve un arma mata a la bondad y vuelve a las personas insaciables y depredadoras. El trueque era sabiduría plena, cada quien daba lo que sabía hacer a cambio de lo no sabía conseguir. El dinero vino a ponerle coto a las habilidades y a la buena voluntad. Fuerte abrazo.

Norman dijo...

Excelente el comentario y analisis preliminar del dueño del blog y brillantes los dos articulos elegidos. Entre los tres muestran muy claramente la realidad de la Argentina. Lastima que haya tanta gente que no lo pueda ver tan claramente y caiga en los embrujos mediaticos conviertiendose en involuntarios soldados actuando constra sus propios intereses. Hace falta mucha lectura, mucha educación y conciencia ciudadana para que la cosa cambie

Gilgamesh dijo...


Norman; muchas gracias amigo, comparto plenamente su reflexión, y agrego que resulta alarmante el poder que los medios han desarrollado sobre el criterio y juicio de las personas, que ni siquiera les nace la duda o el interés por razonar si lo que consumen no está podrido. El facilismo y la apatía han logrado que las masas consuman y se sirvan sin saber siquiera, si lo que consumen les está matando o les pone a trabajar gratuitamente para el mismo verdugo que les cortará la cabeza. ¡fuerte abrazo!