jueves, 7 de abril de 2016

* ¿Qué hay después de la muerte?-Parte 21 *

***Bella noche de Jueves para todos.
Ha llegado el Otoño, llueve y me resulta una buena noche como para ir culminando algo pendiente, la gran saga de Manuel Sancho Pomés.
Restan apenas tres partes, así que vamos a ir dándole espacio al final de éste larguísimo informe ya que tengo otro en gatera esperando la salida de Pomés;

Por ejemplo, Pim van Lommel relata el caso de un hombre que durante una parada cardiorrespiratoria se encontró con un desconocido. Pasados varios días después de ser resucitado, este hombre supo, a través de su madre, que su nacimiento había sido fruto de una relación extramatrimonial con una persona que había muerto durante la guerra. Una vez que la madre le enseñó una fotografía de su padre biológico, reconoció de manera inmediata a la persona que había visto durante la ECM. Otro testimonio dice: *Mi madre sufrió un infarto de miocardio y estuvo muerta durante varios interminables minutos. Los médicos la resucitaron, y después de torturas indecibles la llevamos a casa. 

Nunca le comentamos lo de su muerte. Cuando se pudo comunicar nos hablaba de un hombre de oro que la llevó por un palacio ubicado sobre las montañas y que en los cuadros colgados de las paredes vio, en tres dimensiones, asuntos de la familia que ya habían sucedido*. Un interesante estudio realizado por Emily Kelly, en 2001, describió, al analizar 74 casos, un total de 129 encuentros con espíritus. La mayor parte de estos casos =81 %=, relacionados con personas que habían sufrido una ECM, consistió en encuentros con personas ya fallecidas de la generación anterior, en su mayoría de la propia familia.



El resto =16 %= fue con personas de la propia generación, como parejas o familiares, e, increíblemente, una parte =2 %= fue con personas de la próxima generación =hijos o sobrinos=. Más aún, esta autora fue capaz de clasificar dichos encuentros según su cercanía emocional, de forma que las personas que vivieron estas ECM describieron el encuentro con el espíritu correspondiente como: muy cercano =39 %=, cercano =28 %=, amistoso =13 %= o pobre =3 %=. Un 16 % dijo no conocer a la persona con la que había tenido dicho encuentro.

Curiosamente, Kelly encontró una asociación estadísticamente significativa entre conocer a la persona ya fallecida en dicho encuentro y el haber sufrido la ECM en un contexto de accidente o de parada cardíaca antes que en otro tipo de situación límite vital. 
Asimismo, los encuentros en los que las personas decían haber visto a parientes ya fallecidos también presentaban mayor índice de vivencias relacionadas con el túnel de luz, o bien la alternancia de luz y oscuridad. Otro resultado estadísticamente significativo de este mismo estudio fue la relación de que cuanto más cerca se estuvo de la muerte, mayor era la visión de espíritus de fallecidos.



En otros casos, la experiencia resulta aún más impactante, ya que el encuentro se da con personas ya fallecidas a las que apenas se llegó a conocer y que, según los estudios de psicología actuales, no se podrían rememorar en detalle. A este respecto, un testimonio cuenta: *Tenía unos cinco o seis años de edad cuando tuve una parada cardíaca. Vi a mi madre, que había muerto. Yo no tenía recuerdos de ella porque había fallecido cuando yo solo tenía ocho meses de edad. Me llevaba de la mano y me dijo que no mirara para atrás, pero desobedecí y lo hice: me vi tumbada al lado de mi abuela. Había mucha gente que aparecía por los lados.

Había mucha luz. Me puse a gritar porque al volverme me veía allí tirada, al lado de mi abuela. Mi madre me dijo que si volvía nunca me separara de mi abuela. De repente desperté sobresaltada porque mi abuela me estaba zarandeando y gritándome. Lo más terrible del caso es que mi tía me enseñó una foto de mi madre y me dijo que con esa ropa la habían enterrado*. En otros casos, la presencia de una entidad adquiere forma casi divina: *No sé con quién hablé. No le conozco: tenía una cara muy feliz y su piel reluciente y el pelo castaño. Recuerdo el color de su piel perfectamente, y el viento y la paz.



En fin, fue emocionante. No tengo miedo a volver a sentirlo*. En algunos casos, la persona llega a encontrarse con animales que fueron mascotas suyas. En otros ejemplos no se conoce relación entre la persona que sufre la ECM y el animal. Por ejemplo, Isabel, una persona que ha sufrido en su vida dos ECM debido a su precario estado de salud, nos relata: *La persona de piel dorada me mostró a un espíritu de un perro. Bueno, me hizo recibirlo. Me dijo que en unos días ese animal iba a llegar allí y que tenía que recibirlo. Luego me mostró a alguien y me dijo que ya tenía que irme. Sentí cómo me caía al vacío y ahí desperté, en el quirófano. De lo que me operé no era grave, pero sentía desde hacía tiempo que algo iba a ir mal*.

El contacto y la comunicación tanto con los familiares como con las entidades es telepático. No hay diálogos que resuenen en nuestros oídos. De manera sencilla pero eficaz, nuestras mentes captan como si fuesen verdaderas revelaciones las ideas que nos quieren transmitir y, a diferencia de lo que ocurre en las experiencias extracorpóreas, en las que tan solo podemos oír lo que ocurre fuera, aquí sí hay comunicación bidireccional.



Es el caso que relata un enfermero de un gran hospital, en referencia a un paciente: *El paciente tenía las dos piernas amputadas a causa de un proceso crónico de diabetes. En la segunda operación le seccionaron una arteria accidentalmente y tuvo una gran hemorragia. Me contó que de repente se vio en un prado maravilloso. A lo lejos veía una luz intensa. Él caminaba hacia esa luz que se iba agrandando en intensidad, si bien, antes de llegar a la luz, apareció un ser con pelo y barba blanca que telepáticamente le comunicó que volviera, que no era su tiempo. Y claro que volvió: cuando despertó ya estaba en planta*. 

El hecho de que la comunicación entre el superviviente a la ECM y la forma espiritual sea telepática apunta en la dirección de un universo donde el pensamiento reina sobre todo lo demás. 
Un testimonio relata: *Sentí una voz que me hablaba y me vi en un monte donde había un árbol. Me dijo que era el árbol de la vida. Hablaba con un hombre de piel dorada… Sentía tanta felicidad. Este hombre me dijo un montón de cosas. No las recuerdo todas, pero otras las reservo para mí. Perdonad que lo haga. Sé que sentía mucha fe, esperanza y felicidad. Con todo lo que me dijo llegué a sentir mucha paz*.



En la mayoría de los casos, los familiares, o la entidad, piden al sujeto que vuelva a la vida terrenal. Cosa obvia porque, en caso contrario, habría sido imposible entrevistarles. Seguramente el papel de estos familiares o entidades sea el de actuar de mediadores entre este mundo y el más allá. Quieren protegernos y explicarnos lo que está sucediendo durante nuestro proceso. En el caso de los familiares fallecidos, obviamente ya pasaron por esto y poseen la experiencia necesaria para tranquilizarnos. Resulta también frecuente que dichas entidades, sean de aspecto divino o familiares, hagan confidencias en forma de revelaciones a la persona que padece la ECM. No siempre se recuerdan y, en otras ocasiones, dado que afectan a personas de su entorno, muchos no quieren desvelarlas. 

Un testimonio relata: 
*Ya quisiera acordarme de lo que me contó, pero fue como cuando bajas la voz de la radio. Asentía con la cabeza, pero no recuerdo. Sin embargo, recuerdo que con lo que me decía yo estaba feliz, muy feliz. Me llenó de fe, esperanzas y mucha felicidad …. Lo que más miedo me da es que pronto estaría allí con Él. Me dijo que ese iba a ser mi lugar y también me contó cosas que van a sucederme. Que había que estar preparados.



Tuve una charla muy larga. No recuerdo todos los detalles de lo que me contó, pero no debían de ser malas noticias, porque yo sonreía. Me daba muchas esperanzas, mucha felicidad, y me mostró el rostro de una persona a la que yo amo. Me dijo que iba a estar allí conmigo. En ese momento me hizo caer al vacío con su voz de fondo diciéndome: Ahora tienes que irte*.
Henry Abramovitch nos describe el caso de un paciente que después del túnel se encuentra con un ente divino, con quien establece un diálogo: *El padre me miró con sus ojos penetrantes y expresión seria y en silencio me preguntó: 

¿Qué haces aquí?. Ignoré su pregunta y le dije: Por favor, padre, ayúdeme, alargue su mano y sáqueme de aquí. Él me volvió a preguntar: ¿Qué haces aquí?. Yo contesté: He traído las herramientas conmigo. Pinturas negras y brochas. Quiero pintar y grabar en la roca de esta colina el siguiente verso: Recuerda: amarás al extranjero, al huérfano y a la viuda. Eso no tiene sentido =contestó=. Esas palabras han estado escritas en el Libro desde hace miles de años*.



Resulta llamativo que en culturas tan apartadas de la occidental como la melanesia se tengan visiones tan similares a las occidentales y a las de otros puntos del planeta. Dorothy Counts relata la ECM de un miembro del Parlamento de Kaliai =Melanesia= en la década de 1980: *Vi un grupo de aulu =espíritus de los ancestros= que me enseñaron un camino. Lo seguí y vi a un hombre de piel blanca y hábitos largos y también blancos con barba y cabellos largos. Estaba lleno de luz, como si un foco le fuese dirigido, si bien no había luz en torno a él. A la vez, su luz parecía estar dirigida directamente a mí. Tenía manos grandes que sostenía hacia arriba y con las palmas hacia mí, bloqueando el camino. 

Movió sus dedos como indicando que me detuviese. Me miró y me indicó que volviese por donde había venido*. Bonenfant describe el caso de un niño que sufrió un accidente de automóvil y, tras este suceso, vivió una serie de encuentros con entes conocidos entre los que estaba un tío suyo ya fallecido. Lo llamativo del caso es que el familiar vestía un traje gris, hecho muy significativo, pues no solía ponerse trajes y el niño nunca lo había visto vestido con ellos. La madre comentó a la vuelta a la vida del niño que, justamente, su tío había sido enterrado con un traje similar al descrito en el encuentro del túnel.



Gilgamesh***

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