lunes, 23 de enero de 2017

* John Shelby Spong; abriendo ojos 6 *

***Bella noche de Lunes para todos.

Vamos a continuar con la zaga del cura Spong, y les adelanto que sus documentos son muchos y sorprendentes, incluso así como analiza el AT se dedica también al NT, y en el punto cúlmine llegan sus conclusones que a más de uno dejarán con la boca abierta..

Pero reitero, son muchos documentos que no sé... hasta que punto a ustedes les interesaría seguir conociendo, es decir que de acuerdo a los números que vea en mi panel de seguimiento de entradas, determinaré si continúo o no, puesto que son ustedes quienes deciden qué es interesante o no, más allá de mi invitación a tal o cual tema.

Pero antes de Spong quisiera compartirles una reflexión de esas que uno encuentra por ahí cuando otros como nosotros se dedican a reflexionar sobre la religión.
Me parecieron unas nociones sumamente válidas que seguramente muchos compartimos y que ayudan desde la rica variedad de la expresión;

Gustavo Guardiola, Pupilo y asistente de Ikram Antaki, hace ya muchos años.

-No llegamos a donde estamos así, nada más. Los humanos pasamos por un proceso de varios miles de años antes de que pudiéramos hablar de ciencia y que hubiera alguien que pudiera proclamarse agnóstico o ateo.
La idea de humanidad no es evidente. Para un pueblo politeista es muy difícil entender que la humanidad es una sola. Los pueblos de la antigüedad no reconocían la humanidad de las tribus vecinas, es decir, no reconocían que los pueblos vecinos eran seres humanos.

Eso se ha podido ver en las crónicas de muchas guerras de conquista. Al tener muchos dioses, en el imaginario antiguo existía la idea que la tribu vecina hubiera sido creada por un dios inferior, o que fuera una especie de hija bastarda de algún dios con un humano, o bien que el extranjero tuviera poderes divinos, cuando tenía una superioridad técnica importante. Eso pasó en la conquista de América y en las guerras de colonización en África.
Pero con la llegada del monoteísmo, el concepto de humanidad se extendió: si todos somos hijos del mismo dios, eso nos hermana de alguna manera.

Esta misma idea apareció también por otra ruta: la del escepticismo. Los griegos se cuestionaban: Si nosotros tenemos unos dioses y los egipcios tienen otros,
¿no será que en realidad sean los mismos, o quizás que ambos sean sólo invenciones?
Luego tenemos que la moral tampoco es evidente. Los dioses de la antigüedad no eran buenos: eran poderosos.

El mismo Jehová, no era un dios de amor. Basta con leer las primeras partes de la Biblia para ver lo malgeniudo y caprichoso que era. Jehová destruye pueblos, pide sacrificios más allá de lo que un hombre puede dar: *mata a tu hijo*. Bueno, yo diría: ¿pues qué, ese dios está loco?
Pero, conforme avanza la Biblia y van cambiando quienes la escribieron, Jehová también va cambiando y pasa de ser este dios iracundo y se convierte en un dios moral. Empieza por poner reglas: ya no va a destruir pueblos ni enviar catástrofes, pero nos pide obedecer algunos preceptos y adorarlo sólo a él.

La frase: Yo soy el que es, es clave para entender cómo ha evolucionado nuestra idea sobre la divinidad y también sobre nuestra humanidad. Bueno, también nos pide que lo amemos, pero hay un problema en eso. Después del diluvio y de la destrucción de Sodoma y Gomorra, pedirnos nuestro amor está un poco fuera de lugar, ya sabemos cómo se ponen las cosas cuando uno no hace caso.
Para la época en que nació Cristo, el judaismo había evolucionado muchísimo.

Los dioses romanos eran dioses poderosos. Pero el dios de los cristianos se convierte en hombre, pero además viene en su forma más vulnerable: la de un niño, pobre, indefenso y perseguido. Y ese Jehová terrible que barría con poblaciones enteras, se convierte en un bebé completamente vulnerable.
Miren, yo soy agnóstico, pero para mi este mito es la cosa más conmovedora que hay. No porque sea divino, sino porque lo escribimos nosotros. Habla de cómo pensamos, de como nos vemos a nosotros mismos, de qué es lo que consideramos un valor.

Bueno, pues esta nueva versión de dios, sí añade un elemento que no existía en los politeismos: el amor.
Y con esto vienen muchos otros valores: la compasión es uno de ellos. Compasión significa *sufrir con*, tiene la misma raiz que la palabra simpatía: pathos.
Es decir, la compasión es ponernos en los zapatos del otro y compartir un poquito de su tristeza.
Y ponernos en los zapatos del otro está en la escencia de todos los valores morales.

A partir de ahí se puede construir una moral laica. Se podría decir que podríamos haber llegado a lo mismo por el lado del escepticismo. Seguramente sí, los griegos llegaron ahí, pero los mitos son importantes para la transmisión de muchas ideas, o al menos así sucedió en occidente. A nosotros nos llegaron por el lado de los mitos judeo-cristianos. A los budistas, estas mismas ideas les llegaron por otros lados.
Se puede hablar de todas las barbaridades que ha producido la iglesia, de cómo se hicieron un imperio administrando la pobreza de Cristo y de las numerosas ocasiones en que pusieron a occidente al borde de la extinción.

Pero nosotros somos herederos de esta cultura judeo-cristiana.
La idea de un gran relojero, de un maestro constructor creador del universo, estuvo en el origen de la ciencia: Si existe este gran relojero y existe una lógica detrás de su obra, quizás nosotros podamos descubrir algunos de sus secretos. Muchos científicos son creyentes y la explicación podría ser ésta.
El problema no está en creer en Dios o no.

El problema está en confundir los niveles: la fe no puede explicar el cómo y la ciencia no puede explicar el por qué. No podemos explicar la evolución, la genética o el big bang, a partir del mito del génesis. Pero la mitología religiosa nos habla de cómo somos, de nuestros miedos más profundos, de nuestras pasiones, de cómo nos vemos a nosotros mismos.
La música, la pintura, la arquitectura, todo el arte occidental, se desarrolló a partir de ideas que aparecieron en la iglesia.

No se puede entender la música desde un punto de vista profundo si no se sabe de contrapunto, y el contrapunto nació adentro de la iglesia.
Desde mi punto de vista, algunas de las ideas de Nieztche hacen agua: ¿en razón de qué habríamos de atropellar todos los valores culturales que hemos construido al cabo de 3,000 años? Para mi ese super hombre, está hecho a mala idea, está algo cojo, es hijo de nadie.
En fin, pienso que un estado laico con una educación laica permite que las capacidades y los valores humanos se desarrollen de una manera mucho más sana y mucho más plena, y a ese estado laico hay que protegerlo.

Pero, sí pienso que desde el punto de vista antropológico, la historia de las religiones y la reflexión sobre los mitos religiosos permite que nos entendamos mejor a nosotros mismos. Finalmente, mientras haya un ser humano sobre la tierra, la pregunta;
¿por qué hay algo en lugar de nada?...
seguirá siendo el mayor de los misterios.

Excelente y bella reflexión de éste amigo desconocido, uno de los millones que somos en el planeta pero que ni sabemos que existimos, gran razón para sentirnos acompañados.
Ahora sí, cierro con Spong;



El tercer documento de la Toráh

Por John Shelby Spong

El quinto y último libro de la Toráh es el Deuteronomio. Su nombre resulta de la combinación de dos palabras griegas: *deutero-nomos*, que significa *segunda ley*. Así pues, este libro recoge la segunda donación de la ley y este nombre indica el origen del libro.
Pero empezaré con un rápido resumen de lo visto hasta ahora. Identificamos primero el conjunto narrativo más antiguo de la Biblia, la parte de la Toráh llamada *Yahvista*, o documento *J*, escrito a mediados del siglo X a.C y que cuenta la versión que prevalece en la tradición de los judíos.

Se centra en el reino de Judá, en el Sur. Exalta los centros de poder ubicados en dicha parte del mundo judío: la casa real de David, que gobernaba por derecho divino; la capital, Jerusalén, considerada como el lugar donde cielo y tierra se unen; el templo, que es la verdadera morada de Dios; y el sumo sacerdote, es decir, la voz autorizada de Dios en la tierra. Fue la única historia sagrada conocida por los judíos hasta que una guerra civil, tras la muerte de Salomón, conllevó la separación de las diez tribus del norte, respecto del reino del sur, formado por la tribu de Judá y su satélite, la pequeña tribu de Benjamín.

Esta secesión exitosa separó a los israelitas del norte de los centros de poder del judaísmo del sur. Por eso, los judíos del norte difícilmente podían seguir usando el texto Yahvista como su historia sagrada. Las palabras del texto los juzgaban como rebeldes contra Dios, contra el templo y la ciudad de Dios y contra los elegidos y ungidos por Dios para representarle: el rey y el sumo sacerdote. Con el tiempo, el nuevo país estableció su propia monarquía pero sobre una base diferente y más democrática. El rey, lo elegía el pueblo y, por tanto, era el puebloquien podía retirarlo.

Una nueva ciudad, Samaría, pasó a ser la capital, y los antiguos santuarios de Hebrón, Beersheba y Bethel tornaron a ser lugares de adoración y a competir con el templo de Jerusalén.
Con el tiempo, las tribus del norte necesitaron escribir su propia versión de la historia sagrada y para ello designaron a un nuevo historiador, proveniente también de la corte. Como esta nueva historia nombraba Elohim a Dios, el nuevo documento se llamó Elohísta o versión *E* de la historia sagrada de los hebreos.

Los dos reinos vivieron como vecinos pero no siempre en paz. Hasta que los Asirios, en 721 a.C., derrotaron al reino del norte. Los asirios, entonces, desterraron a los habitantes del reino del norte a otras tierras y éstos desaparecieron sumidos en el ADN del Medio Oriente. Después de este desastre, alguien desconocido llevó una copia del documento Elohísta a Jerusalén y, con el tiempo, las dos versiones se fundieron en un solo documento en el que, sin embargo, la tradición Yahvista, o documento *J*, siguió prevaleciendo sobre la versión Elohísta o documento *E*.

Esta versión combinada de J y E fue la escritura sagrada común del pueblo hebreo durante cerca de un siglo y hasta aquí llega lo que ya habíamos contado. En 621 a.C, en el reino del sur, se produjo un creciente fervor por reformas religiosas, animado y modelado por un grupo de profetas entre los que seguramente estaba Jeremías. Estos profetas concentraban sus esperanzas en el joven rey Josías, que había heredado, con 8 años, el trono de su padre Amón, asesinado por sus siervos. A los ojos de los profetas, Josías fue un rey que *hizo lo justo ante el Señor y siguió los pasos de su antepasado, el rey David; no se desvió ni a izquierda ni a derecha* =2Reyes, 22:1-2=.


Quizás merecía este elogio por atender y apoyar la liturgia del templo. El caso es que, cuando llegó a cumplir 26 años, ordenó efectuar reformas y ampliaciones en el templo que seguro que había sufrido paulatinos deterioros y abandonos de parte de los reyes anteriores del linaje de David; los cuales es probable que, además, hubieran permitido muchas prácticas paganas en él. Esta restauración del templo de Josías fue jubilosamente acogida por las autoridades religiosas y por los profetas.
Durante esta restauración, sin embargo, ocurrió un hecho misterioso que iba a modelar, en adelante, la forma litúrgica del país.

El libro de los Reyes nos dice, primero, que las reparaciones debían haberse hecho antes, con el dinero recolectado entre la gente a lo largo de los años, pero que este dinero, los predecesores de Josías no lo habían empleado en ello. Segundo, también se nos dice que se ordenó que no era necesario rendir cuentas de los gastos porque: *se habían realizado con honestidad* =2 Reyes, 22:7=. Luego, sucedió algo electrizante. 

Durante las obras, escondido quizá detrás de algún estuco que habían removido, los trabajadores encontraron un libro, es decir, un rollo de pergamino que pretendía ser *un libro de la Ley* o de la Toráh desconocido hasta entonces.

El libro aseguraba, además, haber sido escrito por el propio Moisés, fallecido 600 años antes. Descubierto por Hilkia, el sumo sacerdote, fue enviado al rey por mediación de un hombre llamado Shaphan, *el secretario de la casa del Señor*, y se leyó el libro al rey. Al oír lo que contaba el libro, el relato dice que el rey Josías rasgó sus vestiduras en un acto de pública penitencia porque era obvio que sus antecesores no habían obedecido la *palabra de Dios* que había en el libro.

Luego, una profetisa llamada Hulda declaró =con el más solemne de los tonos, estoy seguro= que a menos que los mandamientos de aquel libro fueran obedecidos, Dios enviaría *un desastre sobre esta tierra y sus habitantes*, y añadió que, puesto que el rey Josías había respondido con penitencia y *se había humillado delante de Señor* rasgando sus vestiduras y llorado públicamente, mientras él fuera rey estos terribles castigos no se producirían. Entonces, Josías, potenciado por la palabra de Dios contenida en el libro recientemente descubierto, que pretendía contener las palabras de Moisés, y de acuerdo con las palabras de la profetisa Hulda, que aseguraba la promesa de Dios de contener éste su ira mientras él viviera, consideró que tenía autoridad para actuar.

Las palabras del nuevo libro se leyeron entonces a todo el pueblo y se selló un nuevo pacto acorde con los valores del libro, el cual, en adelante, sería el que gobernaría la vida de la colectividad. A raíz de esto, hubo una gran reforma en las prácticas litúrgicas del templo y en Judá. Los reformadores retiraron los pedestales de otras deidades que no fueran Yahvéh. Se destituyó a todos los sacerdotes idólatras y se cerraron y se demolieron todas las casas de los prostitutos masculinos del templo, asociados a los ritos de fertilidad del dios conocido como Baal.

Se destruyeron asimismo todos los santuarios religiosos sospechosos de celebrar liturgias paganas y se suprimieron todos los médiums, videntes y lectores de fortuna. Josías incluso se aventuró a entrar en los territorios del que fuera reino del norte y destruyó los santuarios rivales de Samaría y de Bethel. La reforma impuso que la Pascua se celebrara sólo en Jerusalén, donde la pureza formal de la fiesta se pudiera garantizar.

Y los profetas de Yahvéh dijeron del rey Josías que *no había habido otro rey, antes de él, que se convirtiera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza, conforme a la Ley de Moisés; ni que después de él nacería otro igual* =2 Reyes, 23:25=
El propósito de la liturgia es siempre agradar a la divinidad y así ganar divina bendición y protección. Tal fue sin duda la esperanza de quienes orquestaron toda esta reforma entusiasta.

Con toda probabilidad fueron ellos mismos quienes escribieron, escondieron y *descubrieron* el nuevo libro cuyo texto decía de sí mismo tener a Moisés por autor. Y también fueron ellos quienes después organizaron y pusieron en marcha la campaña que consiguió la adopción y el reconocimiento del nuevo texto por todos. Se desconoce el nombre de estos reformadores aunque parece bastante claro que Jeremías fue uno de ellos.
Simplemente los conocemos como los *redactores deuteronomistas*.

Bajo su liderazgo, se incorporó el libro del Deuteronomio, o de *la segunda entrega de la Ley*, a la historia sagrada existente, es decir, la versión Yahvista-Elohísta. Sólo después se editó toda la historia sagrada en una nueva narración que pasó a conocerse como versión Yahvista-Elohísta-Deuteronomista de las Escrituras. Ya estaba pues en su sitio el tercer grupo de materiales de lo que un día sería la Toráh final. Sin embargo, si volvemos a los hechos, no se cumplió la gran esperanza de que Dios los protegería si lo adoraban apropiadamente.

Las tensiones y tiempos recios que padecía la tierra de Judá no sólo continuaron sino que se intensificaron. El libro de los Reyes =ver: 2 Reyes, 23:26= dice que, a pesar de
aquellas grandes reformas, *Yahvéh no desistió en el ardor de su ira contra Judá*. Persistió la advertencia divina de que así como Israel =el reino del norte= fue expulsado de la faz de la tierra, así también Judá =el reino del sur= sería expulsado, aunque no en vida de Josías. Unos pocos y fugaces años después, Josías murió en el campo de batalla de Meggido frente al Faraón Necko, que se enfrentaba a los asirios, aliados de Josías.

Su muerte fue tan devastadora para los judíos, que Meggido pasó a ser el lugar de la última batalla antes del fin del mundo. Armagedón es el nombre moderno de Meggido. El diluvio anunciado por los profetas para después de la muerte del rey Josías empezó a caer a partir de entonces sobre el pueblo judío. Su forma fue la derrota, la devastación y el exilio en Babilonia durante tres generaciones aproximadamente. En este período de desesperación fue cuando se comenzó a escribir el cuarto y último conjunto de materiales de la Toráh definitiva.

Otra vez los antiguos argumentos se escribieron a la luz de las nuevas circunstancias de Judá. Volveremos a hablar de esto en la continuación de la serie.

John Shelby Spong

Gilgamesh***

Fuente;
-es.quora

7 comentarios :

Néstor González dijo...

Buenísimo amigo cada ves más interesante la zaga y esperando la próxima. Insisto la Atlántida ahí está secreto de la humanidad y del maestro Cristo o cristal un gran abrazó amigo

eleritzo espaider dijo...

..dos excelentes contribuciones..y el artículo anterior,que termino de leer..genial..Gracias por tu esfuerzo..cada día..con cada texto..mas te asientas en tus convicciones..somos legión..Namasté.

Alejandro Arrabal Diaz dijo...

+1.

Esperando buenas nuevas.....

LEHAIM.

Manuel dijo...

Sigue hermano porque el conocimiento es lo importante, no sé si el análisis es el correcto, pero esa otra mirada y otras miradas nos pueden ayudar a despertar y a profundizar en lo sucedido y sus derivadas abriendo puertas que necesitan comprensión.
Un fuerte abrazo.

JJ dijo...

Continúa Gilga por favor, creo que es una oportunidad única para ir asimilando la película. Gracias

Gilgamesh el inmortal dijo...


LILIANA MORENO-Alejandro y 2+;
muchas gracias.


Néstor González;
gracias amigo por valorar y regalarnos tu opinión.


eleritzo espaider;
gracias hermano, creo que somos una legión...de locos...jajaja.


Alejandro;
gracias hermano, abrazo.


Manuel;
gracias Manu, muy bien por tu apreciación, cada quien toma lo que considera útil y lo que no lo deja, lo importante no es lo que yo escribo sino lo que ustedes enriquezcan para ustedes mismos. Abrazo.


J.J;
gracias querida amiga,sos muy amable, por favor acepta mi respetuoso abrazo.

Néstor González dijo...

Gracias ATI amigo sobre todo tu trabajo arduo tu amistad es lo que más valoro un gran abrazó