viernes, 20 de enero de 2017

* John Shelby Spong; abriendo ojos 5 *

***Con frío o con calor, feliz noche de Viernes per tutti.

Difícilmente un Viernes a alguien se le ocurra leer un blog y mucho menos cuestiones religiosas, pero bueno...esa es la ventaja de estar los 365 días del año y sea el lector quien elija cuando leer.
Seguimos con John Shelby Spong, y una explicación muy pero muy interesante...yahvistas...elohistas...mmm 
¿dos dioses?..jeje...no.., dos poderes..



El documento Elohísta

La mayor parte de la gente parece no percatarse de que los eventos del mundo entorno influyeron fuertemente en la formación de la Escritura bíblica. Cundo lleguemos a la formación de los evangelios, resultará obvio que la guerra judía contra Roma, iniciada en Galilea el 66 d.C. y concluida en Masada el 73 d.C., modeló dramáticamente el contenido de los 4 evangelios. En el año 70 d.C, en medio de dicha guerra, Jerusalén cayó y la demarcación territorial propia de los judíos desapareció de los mapas hasta 1948 al aplicarse el plan de la Declaración Balfour de 1917.

Leer los evangelios sin entender el contexto sociopolítico en el que se escribieron conduce a interpretaciones seriamente erróneas. Los catastróficos efectos de esta guerra con Roma modelaron no sólo los capítulos apocalípticos sobre el *fin del mundo* en Marcos, Mateo y Lucas, sino también el relato de la transfiguración de Jesús pues su sentido tiene que ver con la destrucción del templo de Jerusalén, ya consumada. Esta relación es un elemento entre los que nos permiten datar con tanta precisión la composición final de los evangelios.

Del mismo modo, una escisión a la fuerza del conjunto del pueblo judío, ocurrida en fecha conocida, determinó el desarrollo del segundo conjunto de material escrito que luego llegaría a ser parte de la Toráh tal como la conocemos. Esta secesión se produjo básicamente entre las tribus de José, instaladas en el norte del territorio, que pasaría a llamarse el Reino del Norte o de Israel, y la poderosa tribu sureña de Judá, de la que el Norte eligió separarse alrededor del año 920 a.C. Esta secesión, sin embargo, tenía sus raíces en un momento histórico muy anterior.

Algunos eruditos llegan a sugerir que el pueblo judío que huía de la esclavitud en Egipto, cosa que el libro del Éxodo describe profusamente, probablemente ya no era todo el pueblo judío sino sólo aquellos que más tarde se llamarían *las tribus de José*. No se olvide que José fue la figura central del asentamiento de los judíos en Egipto, de acuerdo con el relato conocido. En el momento de su huída, dice el relato, la vida en Egipto había decaído porque había llegado al poder un faraón *que no conocía a José*. Hacía 4 siglos que José había llegado a una posición de poder que sólo el Faraón superaba, según la memoria del pueblo.

La Toráh dice que José había logrado el poder gracias a su capacidad de interpretar sueños y de predecir el futuro.
Un sueño le habría advertido de un período de malas cosechas inminente, por lo que, durante los tiempos de bonanza, se abocó a la construcción de grandes silos para almacenar grano y alimentos y luego usarlos en los tiempos de carestía. Esto permitió la supervivencia del pueblo egipcio y su dominio de otros pueblos que pasaron a depender de ellos en los tiempos difíciles.

Cuando los judíos se fueron de Egipto, según el libro de Éxodo, se llevaron consigo los huesos de José, para darles sepultura en el suelo de su hogar paterno. José es una figura que simboliza el pueblo esclavo que salió de Egipto. Posteriormente, otros pueblos semíticos se juntaron a los que habían huido de Egipto y de la esclavitud, y engrosaron el ejército conquistador que derrotó a los cananeos. En defensa de esta reconstrucción de la conquista de Canaán bajo el mando unificador de Josué, los mismos eruditos ven evidencias en la Toráh misma.

Según ésta, durante los años de travesía del desierto, se unieron, a los esclavos fugitivos, otros semitas nómadas. Ambos grupos hicieron causa común en un oasis llamado Kadesh y, desde entonces hubo comunidad étnica así como una herencia común, que se reflejó es sus tradiciones orales. Formaron una alianza política y empezaron a considerarse a sí mismos como un solo pueblo, unido pero organizado en una no muy estricta confederación. Su folklore mismo dejaba ver que, al tiempo que eran una
comunidad étnica, siempre había entre ellos una diferencia entre dos grupos.

Esta diferencia se explica, en el relato bíblico, mediante la idea de que el padre común, Jacob, había tenido dos esposas. Lía, la primera, la madre de Judá, el padre de quienes formaron la tribu que se asentó en el sur. Y Raquel, la segunda y la favorita, la madre de José, padre de quienes se instalaron en el norte. Por supuesto había también otras tribus. De hecho se habla de 12, pero el resto tendía a ser satélite de una de las dos principales. El reino del norte recibió el nombre de Reino de las *10 tribus*, en tanto que la pequeña tribu de Benjamín tendió a quedar asociada con Judá.

Cada grupo era más una alianza que un pueblo unido. El libro de los Jueces cuenta esta fase de la historia. Sin embargo, la supervivencia les demandó posteriormente convertirse en una nación unida y poderosa y la forma de alcanzar esta meta fue tener un rey. El primer rey de la unificación fue Saúl, miembro de la tribu de Benjamín. Sin embargo, no fue capaz de consolidar la necesaria unidad ni de pasar el trono a su descendencia. El segundo rey fue un oficial suyo, David, miembro de la tribu dominante de Judá.

Sin embargo, los norteños descendientes de José recelaban del poder de Judá. David, dotado militar y políticamente, unificó el país y lo rigió durante 40 años, tras los cuales cedió el trono a su hijo Salomón quien, a su vez, reinó otros 40 años. Como ya dijimos, durante el reinado de Salomón se escribió el primer conjunto de material bíblico, el *Yahwista* que tenía una clara idea política detrás: exaltaba la casa real de David, la capital en Jerusalén y el Templo, que unificaba la vida
religiosa de toda la nación, en la misma ciudad.

La tesis del Yahwista era que estos centros de poder eran expresión de la voluntad de Dios y que rebelarse contra el rey, el sumo sacerdote o la ciudad de Jerusalén era rebelarse contra Dios. No obstante, las tensiones entre los dos antiguos grupos crecieron durante el reino de Salomón, cuando los pueblos del norte sentían que los impuestos aumentaban sólo para proveer de riqueza a la gente de Jerusalén. A la muerte de Salomón, alrededor del 920 a.C., el trono pasó, según la usanza, a su hijo mayor, Roboham.

Pero el pueblo del norte no estaba dispuesto a obedecer a Roboham si no se hacían algunos cambios y, bajo el liderazgo de uno de sus oficiales, Jeroboham, presentó una delegación en Jerusalén para negociar las diferencias con el nuevo rey. Las negociaciones no tuvieron éxito y, cuando se colapsaron, Roboham, el nuevo y presumiblemente impetuoso rey del sur, quiso sofocar la rebelión mediante la fuerza. Entonces, el pueblo del norte, liderado por Jeroboham, se organizó para la resistencia durante una guerra civil en la que, al final, ganaron su independencia.

Hubo, pues dos estados judíos: el reino del norte, y su capital, Samaría, y el reino del sur con su capital de antes, Jerusalén.
La única narración por escrito con la que ambos grupos contaban era el documento Yahvista, que era tan favorable a las instituciones del sur que resultaba difícil de aceptar para las tribus del norte. Según dicha versión, los judíos del norte habían violado el poder de la casa de David, la residencia de Dios en la ciudad santa de Jerusalén, y la autoridad del sumo sacerdote; y todo ello lo habían hecho en contra de la voluntad Dios.

El documento Yahvista condenaba todo lo que ellos defendían y lo hacía en el nombre de Dios, de modo que los judíos del norte pronto empezaron a sentir la necesidad de escribir una nueva versión de la *historia sagrada* del conjunto del pueblo judío. Nuevamente, el rey del reino del norte designó un historiador de su corte para escribir la historia y el resultado fue una segunda versión de la historia sagrada de los judíos. Muchas diferencias hubo entre ambos documentos. En primer lugar, el nuevo redactor se refirió a Dios mediante un antiguo nombre cananeo, *El* o *Elohim*, por lo que su trabajo se conoce como el *Documento Elohista*.

En segundo lugar, para este autor, fue José y no David el héroe. Esta idea subyace en la historia que presenta a José como el hijo favorito de Jacob, su padre. Es la razón por la cual aparece recibiendo de Jacob un manto multicolor. Raquel, la madre de José, se presenta como la esposa favorita de Jacob, en tanto Lía, la hermana mayor y madre de Judá, tiene *ojos como de vaca* y se casó mediante un engaño tendido por su padre Labán a Jacob. El *Elohísta* =o documento E= presenta a Judá como el
hermano malo que había vendido a José como esclavo.

Quita importancia a Jerusalén, relativiza el templo y reabre y resantifica los antiguos santuarios del norte. Por último, rechaza el derecho divino de los reyes argumentando que el rey no fue elegido por Dios para gobernar al pueblo sino por el pueblo mismo que, por eso mismo puede revocarlo si no cumple su voluntad. Si el rey viola su confianza, el pueblo puede apartarlo de su cargo. Esta fue la argumentación que materializó su derecho a la rebelión contra el rey Roboham. Sin embargo, a pesar de diferencias tan importantes como éstas, ambos textos comparten muchas narraciones.

Alrededor de 850 a.C, la narración Elohísta ya estaba sustancialmente completa. Ahora había dos naciones, dos reyes, dos centros litúrgicos y dos historias sagradas que se leían en las ceremonias religiosas, y ambas eran *palabra de Dios*. Las dos naciones combatieron entre sí en numerosas ocasiones sin llegar a vencer definitivamente una a la otra, y también se involucraron en diferentes alianzas con otros pueblos, a menudo enemigos entre sí. Cuando Asiría se convirtió en el mayor poder de Oriente Medio, el reino del norte se alió con Siria, en tanto que Judá se unió con Asiría acepando ser un estado vasallo.

Como consecuencia, en 721 a.C., los asirios conquistaron el reino del norte, exiliaron a la mayoría de sus habitantes hacia otros lugares y trajeron otras gentes para repoblar el territorio. Con el tiempo, estos extranjeros se casaron con los judíos que quedaron allí y su descendencia resultaron ser los *mestizos* samaritanos cuyo rechazo aún se refleja en los evangelios. Tras de la derrota a manos de los asirios, algunos judíos del norte huyeron a refugiarse en el reino del sur y alguien llevó consigo una copia del documento Elohísta.

Con los años, ambos relatos comenzaron a fusionarse en Jerusalén. La versión Yahvista tuvo prioridad pero la versión Elohísta y el punto de vista del derrotado reino del norte encontró la forma de combinarse con la dominante. Cerca del final del siglo octavo, ciertamente antes del año 690 a.C, la *historia sagrada* de los judíos era ya un documento mixto, Yahvista-Elohísta. Las Escrituras de los judíos había crecido. Después vendrían más adiciones y cambios, pero ésta que les he contado fue la segunda etapa de la formación de la Toráh tal como hoy todavía la conocemos. 
La etapa tres vendrá en la próxima entrega.

John Shelby Spong

Gilgamesh***

5 comentarios :

Alejandro Arrabal Diaz dijo...

+1.

Amy san dijo...

Los días más calurosos de enero en los últimos 30 años en Santiago....
Saludos desde Chile, con calor y tristes incendios.
Amy.

eleritzo espaider dijo...

..si señor, ..eso es "arreglarse el chiringuito" a conveniencia..grande señor Sponge..Namasté.

Néstor González dijo...

Hola amigo estoy triste por todo esto la gran mentira de las religiones el maestro Jesús estuvo entre nosotros nos dejó la verdad pero la humanidad siempre elige mal triste verdad un gran abrazo amigo

Gilgamesh el inmortal dijo...


Alma9-Alejandro y 6+;
muchas gracias.


Amy san;
precisamente acabo de publicar sobre eso ami, realmente durísimo...cuidate por favor y toda mi solidaridad, fuerte abrazo y gracias.


eleritzo espaider;
jeje y qué chiringuito eh..., abrazo.


Néstor González;
claro que es triste amigo, pero a no decaer. Y mucho menos a conformarse o a pensar en uno mismo, siempre pero siempre Néstor hay que vivir como si pudiéramos revertir toda ésta porquería, aunque sepamos que es casi un imposible, en el hacer buscando luz y ayudando a dar luz siempre habremos hecho lo correcto y eso es gran motivo como para no quedarnos en el desánimo. Fuerte abrazo.